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Soy Jorge Ortiz y salí de la cárcel y soy del Sporting de Gijón

Bueno gente los que leéis El País ya sabréis que salí el jueves pasado de la cárcel en tercer grado y no es que nadie reconozca sus errores pero bueno. Y entonces también sabréis que ayer fui al Molinón a ver al Sporting.
Fue el mejor partido que vi en años. Pudimos ganar pero también perder. Al final empatamos.
Diego Castro es el mejor jugador del Sporting (aunque Rivera es muy bueno también) y metió un golazo que si lo marcan Ibrahimovic o Kaká nos están dando la vara toda la semana.
Nuestro portero Juan Pablo no agarra una pero las toca todas. ¡Qué tío!
Villa no marcó y mira que lo intentó pero el Valencia tiene muy buen equipo y si no es por el portero y los postes también ellos nos podrían haber metido 3 o 4 goles.
La pena fue la última ocasión que falló Bilic que siempre lucha mucho pero al que para mí le falta calidad. Hubiera sido una tarde redonda de marcar pero creo que al final se hizo justicia.
En el fútbol se hace justicia a veces. Igual que en la vida.
Voy a escribir un libro con toda mi experiencia en injusticias y tal.
A lo mejor le pido ayuda a Braulio García Jaén que escribió un libro sobre un caso parecido al mío aunque más chungo. No me lo compré todavía pero el lunes mismo voy a la Casa del libro a pillármelo aunque esté mal de pelas.
O puede que le pida ayuda y consejo a Mónica Ceberio Belaza que se portó muy bien conmigo y es una pedazo de periodista que siempre hace cosas interesantes.
A Leo y Reo no les pediré ayuda porque si bien en el fondo son buena gente no me parece que escriban muy bien.
Y feliz día de San Valentín que aunque en la justicia no creo sí creo todavía en el amor. Así soy yo.
Saludos y hasta otra.

Una cosita que Leo del Mar no quiere que sepáis

Hola soy Jorge otra vez.
No, no es que me hayan dejado salir para escribir esto, aquí en la prisión de Villabona no me dejan Internet, es que lo dejé programado el otro día viendo venir que el tal Leo del Mar, ese que va de enrollado, que va de que se preocupa por los asuntos de los demás y toda esa pesca, iba a dedicarse a lo suyo. Bueno, a lo que él cree que es lo suyo: escribir. (¿Ha sido así o me equivoco?)
Permitidme que me ría, ja. Y ja. Lo suyo y lo del escribir digo, pues eso, ja.
Y para que veáis que no me río en vano os voy a dejar un regalito que el mismo Leo de la Mar intentaba ocultaros a todos vosotros. Así con vuestros propios ojos veréis lo que este hombre suele considerar digno de publicarse viniendo de sus teclas, aunque sea para ser publicado en una revista virtual como Agitadoras. Gracias a Dios en esa revista todavía mantienen cierto criterio a la hora de publicar a desconocidos que si no se nos iba a llenar el mundo entero de gente que se cree escritora por tener un blog. Más o menos de eso debe hablar el texto aunque no se entiende muy bien porque mete a perros, gaviotas y no sé qué más historias chungas.
Demos todos las gracias a los encargados de esa revista por no publicar el siguiente texto y de paso pidamos un poco de mesura a todas las demás.
Bueno, pues desde Villabona os envío un fuerte abrazo a todos vosotros que realmente, y no de cara a la galería como Leo, aún os afectan estos casos de injustica como el mío o el de Tommouhi y Mounib.
Pasen y rían. Ahí va Leo, el del Mal:

Lo poderoso del ladrido remite a un pastor alemán, como poco. ¿A quién ladrará en mitad de la noche? No será a las gaviotas, aunque no le dejen descansar con sus graznidos discordantes, sus usos sociales. Puede que rememore a sus antepasados lobunos al ver la luna tan crecida, mucho más blanca que amarilla. O a su sombra, los perros no es que sean muy listos, no tanto como las gaviotas al menos, como he leído en un blog, en un blog, en un blog. Ahora el ladrido se asemeja más a un perro de agua, epsañol y/o en combinación español, pequeño, casi tan pequeño como un blog y las gaviotas son cóndores usurpando los chillidos de gaviotas, estoy seguro, tan seguro como que esto es un blog, no literatura. Claro, el perro de agua turbia español le debe estar ladrando al gato que le vacila y maúlla en la cara desde el alféizar del piso bajo de enfrente. Es un gato negro, tan negro como la noche, como la noche del blog de un tal negro llamado Leo del Mar, no Manuel Vilas ni Vidal Sassoon, y tan oscuro como el resto de la noche cuando los cóndores eclipsan la luna, y el perro, espsañol o algo así, de agua turbia, reducido a caniche, que equivaldría a un pastiche, a un blog, de tanto miedo que le tiene a la noche, y a los negros y gatos, deja de ladrar. ¡Qué asco de perros! Bueno coma ya calló. A ver si me deja escribirle a mi blog, blog, blog. Los cóndores al fin han dejado de ser gaviotas y las gaviotas han dejado de ser ruido, y el gato ha ido a cumplir con sus obligaciones zoofílico-geriátricas. Blog, blog, blog, yo sigo amándote en la oscuridad y ahora en silencio. Tú y yo, nada más. Mejor enciendo la tele, ya sabes, mi ablog que a los de la tele les gusta verme y hablarme. Otra vez llegué al sitio, ya sabes, el que me ofrece morir. Menos mal que esto no es literatura, sólo un blog y aquí no es más que majadería decir que la tele, internet, la pantalla posmodernizada al fin y al cabo, te habla. Te habla, es decir, me habla. John Cobra me habla, y Paco el enemigo de John Cobra y Batu. Y Batu también me habla, último mensaje dice. Esto es el acabose blog mío, ¡qué miedo! ¿Y por qué no ladra el perro, blog? Era mejor hace un rato cuando ladraba. No tendría que hablar de literatura, blog. ¿Alguna vez te he hablado de literatura ablog mío? Son esos escrotos de otros, generalmente poemas, que cuelgo en mi blog. La poesía también es literatura blog, no seas blogo, que te veo postear. Un cigarrillo de alguna marca americana, KKKera o no, Phillip Morris o Lucky Strike o Marlboró, es literatura a su vez, forma parte de ella, pequeño blog mío. Sí, sí, así es. Y el cielo y las estrellas. Y el simbolismo, la crítica acompasada, Berlusconi, las firmas en los suplementos dominicales, Asturias patria querida, el horror de tener que hacer esto para salvar mi pellejo. Todo, todo es literatura. Todo salvo tú, querido blog.
¿Por qué? No lo sé, pero de todos modos, gracias por estar ahí. Ya estoy mejor.

Hoy salgo en la tele. Canal 10 de Gijón a las 22 o a las 22.30, no sé.

Tampoco sé si lo emitirán en directo por internet pero por si las moscas aquí os dejo el enlace.
Huy, que casi me pierdo mi descabellado ingreso en prisión, ¡cómo pasa el tiempo!
Ya os contaré lo rápido que pasan cuatro años.
No es tanto tiempo en realidad. Sólo lo que dura una legislatura, lo que hay que esperar entre Mundial y Mundial, lo que tarda en aparecer otro 29 de febrero, 16 estaciones del año...
Si lo veo como si me tuviera que comer cuatro pizzas quattro stagioni muy, pero que muy, poquito a poco, a lo mejor ... Ya.

LOSER (perdedor)

Esta canción que os dejo abajo bien grande me gustaba mucho cuando salió.
Yo tenía 22 o 23 tacos y aunque no sabía mucho inglés me encantaba por el estribillo ese de "soy un perdedoooooooor". Luego me enteré de la segunda parte del estribillo que viene a decir después de lo de perdedor que "por qué no me matas, nena".

Pues eso mismo, ya que están, les digo yo a mis nenas del Consejo de Ministros.
Mañana voy para dentro otra vez.
No creo que tenga ni ganas ni posibilidad de volver a escribir aquí.
Pinchad en mi foto y podréis leer una entrevista.
Pero antes escuchad la canción, que es muy buena.

Soy un perdedor, ya lo sabéis. Un auténtico perdedor.
Adiós.
Y suerte con todo, ¿eh?
Hola. Soy Jorge.
Jorge Ortiz.
Amablemente Leo del Mar me ha cedido nuevamente este espacio personal para expresarme, aunque en realidad no tengo muchas ganas de decir nada.
Si algunos leéis periódicos en Gijón os habréis enterado de que el gobierno de España a través de su Consejo de Ministros ha rechazado la petición de indulto que mi abogado en vista de todas las irregularidades que se dieron en mi proceso había solicitado.
Estoy hecho polvo, teníamos esperanzas de que me indultaran para sobre todo no tener que entrar en la cárcel otra vez y para después iniciar otro proceso en el cual se tuvieran en cuenta todos los errores que se cometieron durante el primero pero no ha habido... suerte.
Estos días tendré que ingresar en Villabona de nuevo a cumplir el resto de la sentencia.
4 años.
Tengo 38, para cuando salga tendré 42. Si salgo.
Abajo os dejo una foto del conocido juez Lino Rubio Mayo.
Salúdenlo de mi parte.
Y de paso a estos hijos e hijas de sus madres también.
Y disculpad si me dejo o sobra algun@, o no os cuadra el color de sus prendas. Eso no cambia absolutamente nada.


Ah, y haced clic por los chicos. ¿O creéis que sólo pienso en mí?

De mi poderoso blog

Este blog consigue lo que se propone.
Nació como bitácora literaria personal lo cual demostró ser, con algunos ambages desde el principio desde luego y seguro, pero diáfanamente con, por ejemplo, esta entrada, o más tarde, esta reseña.
Apareció Jorge, al que conseguí sacar de la cárcel como era "menester en este best-seller"(VdV).
Tras esta heroicidad quise aprovecharme del don de este blog y restablecer contacto con uno de esos amores imposibles sólo por convicción. Y vaya que si se estableció contacto. Siento no poder dar más detalles ya que la exclusiva está aún por venderse.
Ahora La Manga Club Blues se desvanece (aquí enlacen sin falta si quieren más espiraciones sorpresivas), del lado izquierdo del pecho a decir de Son House, lo cual me permitirá recuperar los Reportes de ... y algún que otro posteo, como vengo haciendo.
Pero ahora que soy escritor, guía de los justos, envidia de pajilleros y mártir de las masoquistas oprimidas hordas proletarias, ¿qué me resta?
¿Alcanzar la paz en el mundo? ¿Erradicar la pobreza e ignorancia? ¿Lograr que los gatos aguanten la mirada al hombre? ¿Conseguir que Elogio del Proxeneta sea al fin editado? ¿Volcar a el país hacia la izquierda? ¿Que Nacho Vegas suplante a Soraya en Eurovisión? ¿Hundir La Manga Club junto a todos sus empleados? ¿O quizá que el Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert me conceda una beca?
Lo que quiera, podría alcanzar lo que quiera a través de este blog, pero yo sólo quiero escribir, no necesariamente solo, ya que pronto puede que tenga ayuda in a pessonian way.
Escribiría aún de no leer nadie esto, pero como haberlos haylos: GRACIAS, y enhorabuena.

16. La última noche en el parque

Pero a la mañana siguiente Tía acude al fin a la llamada del amante. Dos años y quince días penando injustamente por ella y ahora de repente se acuerda de él. ¿Dónde ha estado Tía todo este tiempo? Acaso no sentía a su amado que presa de la desesperación enviaba su reclamo a través de los muros de su prisión infatigablemente noche tras noche, en la bien fundada esperanza de ser atendido como lo que era, su amante de inquebrantable afecto hacia ella, a pesar de la ausencia no sólo física sino también de espíritu de la amada desde hacía tanto tiempo. ¿Y ahora qué? ¿Espera que la reciba con los brazos abiertos como si no hubiera ocurrido nada?
Jorge no fue acumulando rencor, ni antes ni ahora lo sentía, más en ese mismo instante, en ese preciso instante en que supo nuevamente de ella se dio cuenta de lo obvio: no era digna de su amor. Nunca lo había sido, pero Jorge empeñábase en su cerrazón, asido fuertemente a unos sentimientos tan sólidos que sólo han podido ser derribados y mortalmente heridos cuando se la volvió a encontrar de frente y la miró a la cara y vio todas esas arrugas de mentiras sin maquillaje fraseado falseador alrededor de sus ojos y cuello, con la celulítis ya alcanzándole no sólo brazos y muñecas, sino hasta los tobillos y tan visible aún aquí entre las medias de rejas de puta manifiestamente barata que la a la par inverosímil mórbida flaqueza de sus carnes esqueléticas no revelaba otra cosa que su alma espuria, tan falsa cómo esos implantes de pecho que le asaltaron a la vista cual taimados trileros. ¿Qúe quedaba ya de su belleza natural? Nada. Toda ella era un engaño, un fraude, una mentira contada millones de veces que en un momento lúcido al fin ha sido descubierta por Jorge cuando se presentó nuevamente ante él. Y a él es a quien se le ha caído la venda de los ojos en última instancia, porque ella, bien lo supieron muchos, antes que él, nunca la lleva puesta. Digan lo que digan, ella nunca ha llevado los ojos vendados.

Y ocurrió...

15. La última noche en el parque

Pero los momentos transcurren y se vuelven más pesados e insoportables sin el rastro de Tía. Una nueva semana sin novedad de ella, y el calor de otro verano que ha llegado. Esto sumado a los recientes éxitos futbolísticos regionales y nacionales han, inverosímilmente para él, solapado el interés anteriormente mostrado por su situación, o incluso la suya propia, y ya todo son sólo fiestas allí afuera. Fiestas de fuegos y tracas, de abrazos fraternos y nuevos amores, de carnes quemadas y alegrías bachilleriles. Comienzan las noches de fiestas de espuma, noches en vela con velas y cócteles no precisamente de Molotov. Estudiantes y trabajadores cumplidos disfrutan del descanso del trabajo bien hecho o no. Pero para él no hay descanso posible, y eso que se pasa horas tumbado sobre el somier sin más quehaceres que jugar a las cartas o al balón en el patio. ¿Cómo descansar y relajarse aquí dentro? En sus momentos bajos llega a desear que toda esa gente que disfruta de su libertad tuviera que pasar sus vacaciones presa en su misma celda, chocando con los barrotes, mamparas y muros, que vieran realmente cómo es esto.
¿Qué sentirían? No sabe ya cómo aguantar esta tremenda carga, y se pierde en semejantes divagaciones injustas con todos, pero a veces es que no lo puede evitar, y queda bastante justificado además su sentir ante el conocedor objetivo de su desdicha. Se agarra únicamente ya a la ilusión de un posible permiso que pudiera recibir en julio. Su abogado lo ve factible pero tampoco quiere crearle falsas expectativas que pudieran hundirlo un poco más en ese pozo desde el cual en muchas ocasiones no se ve el cielo azul como salida, sino que se convierte en algo irreal o utópico, siendo benevolente, pero por definición, inalcanzable a un pobre diablo como él, sin más recursos que los de su familia que bastante esfuerzo hace ya. Y maldice su destino, fraguado ya desde el mismo momento en que nació, y su pobre condición.
En su fuero interno no obstante, no maldice su propia suerte en última instancia, sino únicamente su pertenencia a esta especie, que no por muchos años más seguirá sin estar en peligro de extinción, aunque bien sabe él que mal de muchos sólo es consuelo de tontos, pero no sin razón piensa: "coño, si a nadie le importo, qué me importa a mí nadie".

14. La última noche en el parque

En todo caso, y una vez consumado el histórico ascenso, Jorge vuelve a protagonizar la actualidad de manera incontestable.
La creciente popularidad de Jorge le ha traído nuevas amistades, como la de un poeta grande instalado en las alturas del país, entre otros hogares, cuya obra sin embargo apenas conoce más que por sus ocasionales paseos por la red de redes, inmenso embudo éste en el cual cabe desde lo más grande hasta lo ínfimo, lo grandioso, lo pésimo, lo pretencioso o conmovedor, tanto da; la más abyecta naturaleza humana también campa a sus anchas por esa tela de araña redesarrollada constantemente y tan bien conocible a la velocidad que nos permitan nuestras propias luces, en la que por ejemplo hoy en día un elogio del proxeneta bienintencionado fallece sin avisar (aunque la muerte se anuncie no es ley que se explique) y por contra el amor mal entendido hacia los niños se multiplica, sólo públicamente, eso sí, de manera inexplicable.
Jorge no es ajeno a toda realidad, y agradece, que conste, lo que haya que agradecerle a sus nuevos amigos, aunque su particular realidad se limite a celdas, patios y economatos, que a su manera de entender incomprensiblemente (y para cada vez más personas, espero) lo ha colocado en el mismo plano, no sólo arquitectónico, de otros con los que Jorge no quiere tener nada que ver. Pero bueno, hay cosas que no hay que tratar de entender si uno no quiere volverse loco. Ese es el consuelo de Jorge. Por el momento.

13. La última noche en el parque

Jorge y Tía. La quintaesencia de todas las grandes historias de amor conocidas.
Un hombre resuelto a enfrentarse a su destino y una mujer perfecta pero esquiva.
Esa es la trama alrededor de la cual gira el relato indeterminado, no caben más dudas. Una serie de desventuras inexplicadas vividas por el protagonista, le han llevado a prisión de un modo inenarrable, y ha de conformarse a la nueva limitada realidad entre las frías, húmedas y grises paredes del centro penitenciario de un pueblo asturiano, pero con la seguridad de que la verdad está ahí afuera, y ésta es propagada como fuego en un bosque de cerillas por quienes conocen su existencia.
La grandiosa relación sentimental de Tía y Jorge ha encontrado eco hasta en algún periódico nacional de amplia difusión, y provocado el interés de miles de anónimos ciudadanos, que se desvelan ante las nuevas vicisitudes de un amor tan imposible como deseable.
Trovadores musicalizan las andanzas de los dos amantes, tertulianos teorizan con ricas polémicas sobre el porvenir de su amor. En los portales se marujea con cierta inquina hacia "la Tía", que es más querida en ámbitos intelectuales. Los niños, con su inocente y desprejuiciada visión de la realidad, gritan por los patios sus deseos de ser como Jorge, y las suegras lo desean como yerno de sus desafortunadas en amores hijas. En el registro civil no hay más nombres que el de Jorge en caso de varón recién nacido, aunque el nombre de Tía no se acaba por imponer entre las niñas, y es preferida la variante Iustitia.
Nada puede detener el glorioso avanzar de esta historia. ¿Nada?
Casi nada mejor dicho, puesto que este próximo domingo el mundo se parará por uno de esos acontecimientos que sólo ocurren muy de cuando en cuando y mantienen en vilo a toda la humanidad, y que, todo hay que decirlo, está muy por encima de los dichosos avatares que pueda sufrir cualquier ser humano.
Once atléticos jóvenes vestidos con camisetas rojiblancas tratarán de enmendar una de las más grandes injusticias de los últimos tiempos y devolver al Real Sporting de Gijón a la primera división del fútbol español.
Jorge escuchará los pormenores de semejante hazaña por la radio. Y se alegrará.
Aunque no acabará de entender muy bien el porqué.

Almuerzo con... Jorge Ortiz. "Y el Sporting a punto de subir"



A continuación me hago eco de la apócrifa entrevista no aparecida en contraportda del diario de Las Naciones del martes 10 de junio del año 2008.
A la derecha, Jorge Ortiz antes de ingresar en la cárcel.



Carlos Lorenzo de la Ermita

"Nada de fotos, que no queremos que les den pistas a los Ultra Boys sobre el módulo en que se encuentra Jorge, que si no el domingo seguro que vienen a liarla tras el ascenso. Si es que suben, claro", comenta el sardónico guardia que me acompañará durante mi estancia programada de una escasa media hora en el penal de Villabona, nada más saludarme y realizar el preceptivo registro de pertenencias, con lo que queda justificada la confiscación momentánea de mi teléfono móvil tras anotar mis datos personales en una especie de libro de visitas en el cual estampo mi firma.
Los denodados esfuerzos burocráticos de este santo periódico para el cual trabajo, no han logrado obtener el permiso para un vis a vis de las autoridades carcelarias, y nos habremos de conformar con la impersonalidad de una entrevista a través de una gruesa cristalera sintética de PVB y unos auriculares, aunque sí se nos ha permitido introducir unos platos de típicas viandas asturianas tales como empanada de merluza, bollus preñaos y cómo no, queso de Cabrales, para que todo ello sea regado, por Jorge y un servidor, con los zumos de la fruta asturiana por antonomasia, la manzana, mayada, eso sí, únicamente para convertirse en sidra dulce.
La que actualmente seguramente sea la más famosa cárcel de España, inaugurada en 1993, dónde el más ilustre interno es Antonio Toro, absuelto en el fallo del 11-M, goza de unas instalaciones cuidadas por lo general, e incluso cuenta con la llamada Unidad Terapeútica y de Educación (UTE) que ha reducido hasta el 58% la tasa de reincidencia de los reclusos, cuando este proporción solía elevarse en otros tiempos hasta cuatro de cada cinco internos.
Jorge (Gijón, 1972) aparece tras el intenso zumbido de una pesadísima puerta a la vez que el reloj marca las doce en punto, puntualidad asturiana, quién lo iba a decir, visto cómo se las gasta la Justicia en este país, vestido con un chándal marca Astore del centenario sportinguista, centenario que ya hace tres años se celebraba. El tiempo que lleva Jorge en prisión condenado por unos delitos de los que nadie le acusa.
La dirección del centro penitenciario de Villabona (Finca de Tabladiello Alto, Ctro. Penitenciario de Villabona, código postal 33480, Villabona, Asturias. Tel: 985 105 222, Fax: 985 105 208) ha procurado a bien no hacer coincidir nuestra visita con las de familiares y amigos de otros reclusos, y nos ha facilitado una sala de "locutorios" actualmente inhabilitado por unas reformas a punto de finalizar.
A Jorge se le vuelven los ojos como los mismos platos en los que se encuentran los pinchinos preparados con cierto cariño por un funcionario al otro lado del cristal cuando se percata de ellos. "Hasta lo de los economatos en Asturias está más rico, y además mi familia me trae cosines siempre que vienen a verme, y como puede ver estoy de buen ver, valga la redundancia, pero muchas gracias por esto", y señala los platos,"todo un detalle".
La autoría de la canción "El Sporting a primera" en la que relata su caso se ha convertido en un éxito inesperado en estas fechas, coincidiendo con la buena marcha del equipo de su ciudad, y se habla ya de una posible nueva versión interpretada por Francisco Nixon, o incluso Nacho Vegas.
"Mi relación con Leo del Mar se basa en la casualidad", confiesa acerca de su vínculo con el gran narrador de orígenes asturianos que ha proporcionado notoriedad a un caso que languidecía, al igual que el de otros presos injustamente encerrados,"leyó sobre mi caso y se interesó. Nada más. Yo siempre he sido muy musical, aunque nunca me había dado por ello de forma seria".
Vamos sentenciando las delicias hasta dejar plato tras plato limpio como una patena, sobre todo el que les habla, que hacía tiempo no disfrutaba de las bondades de la cocina asturiana, aunque sea en forma tan frugal como ésta, mientras comentamos diversos asuntos acerca de la vida en prisión y otros asuntos. Se le ve animado a pesar de todo, e ilusionado por los últimos acontecimientos.
"Mira que empezar a hacerme famoso ahora, en la cárcel. Y el Sporting a punto de subir, vaya coincidencia", se sorprende entre risas y un apurado trago al vaso blanco de plástico lleno de sidra, "si ya lo decía mi abuelo cuando se casó el Príncipe, a partir de ahora, con la Leti dónde está, ningún Ortiz pasará desapercibido".
La media hora pasa volando y al que suscribe se le hace corto el rato en que conoció a Jorge Ortiz.
Un preso y un artista.
Una persona.
Ojalá no haya que volver en otra ocasión.


Prisión de Villabona (alimentos adquiridos en un restaurante cercano)

Tabla de quesos de Cabrales: 12 euros
Dos porciones de empanada de merluza: 6 euros
Surtido de bollus preñaos: 5 euros
Una botella de sidra dulce: 2 euros

12. La última noche en el parque

Decidió que Jorge era un buen nombre para su protagonista, y hasta para él, y obraría en consecuencia a partir de ese punto.
Pero el nombre no era lo único que fallaba en Juan. A él, y a él, le había comenzado a faltar su pareja, pero a Jorge esto no le ocurriría. Ahora, ¿quién? ¿Cómo sería esa chica?
Jorge se estrujó los sesos buscando en su imaginación a la mujer ideal.
Debía ser alguien nada superficial, que no se guiara por prejuicios, capaz de tomar sus propias decisiones aunque para ello tuviera que blandear cual espada su sentido común, tan rebosante en la cornucopia que portaría con ella, sin blandear. Una chica fuerte e independiente que no necesitara de la ayuda de nadie para soportar en su mano su propio, en ocasiones, seguramente, tan pesado destino o de quien confiara en ella. También habría de ser resistente, rocosa, no fuera a dejarse arrastrar por la fuerza leonina característica de estos últimos, envalentonados por saberse auspiciados por una mujer como ella. Instruida y con capacidad de discernimiento entre el bien y el mal incluso con los ojos vendados hasta en los asuntos más delicados, pero aún más juiciosa en los simples, que a veces se presentan como los más sensibles por muy incongruente y a la par trillado que esto le sonara a Jorge, el autor.
Habiendo decidido las propiedades de carácter esenciales del nuevo personaje y tomado la determinación de obviar las características físicas en este punto, restaba nombrar a esta hembra, que sin duda debiera ser un ejemplar primus inter pares de ascendente virgo.
La más importante e indispensable, o simple y llanamente la mejor en el duro mundo, ilimitadamente lleno de terror que desasosiega hasta al más ducho en lides con y por sus enfrentamientos fratricidas, apenas soportables ya de por sí por otros lares humanos, en el cual se iba desenvolviendo Jorge a estas alturas de la historia hacía tiempo, tras salir de aquel sendero, que nunca fue recto, del parque verde y oscuro de la muy lejana noche, su última en el parque; y este sueño de mujer está claro que ya existía, cae en la cuenta el autor, y como toda dama de elevado espíritu o no, podía haber vuelto loco a más de un hombre actualmente, se llamara Jorge o Rafael.
Mas aún consciente de esto, no lograba el autor atrapar ese nombre que denominara sin equívocos a la figura válida para tan excelsa como dispar demostración de poder tanto en lo más alejado como próximo a la lógica y por consiguiente también a la demencia.
"Dí qué...", meditaba, "temis...", siguió, y prosiguió así, "te llamarla por su nombre aquí, donde queda tan cerca la antigua Justina, justita también ella de las in iustitia necesarias reformas", intentaba justificarse a sí mismo el autor, por no dar con algún nombre adecuado.
Pero finalmente no es necesario buscar excusas y se decide por el nombre que más se ajusta a sus requisitos.
Y juzga apropiado levantar la sesión y emitir su fallo nominal tras media noche fatigosa a más no poder y estar jodido, pero contento otra vez más de no ser otro Jorge, y haber, entre otras cosas que le permiten el uso y el disfrute de la libertad, podido aprovechar para, entre tanta letra, visionar El Proceso Paradine.
Ah, la chica se llama...tachán,tachán...
Tía.
Tía Qué Fuerte, y vive en Madrid. Cómo no.

11. La última noche en el parque

Qué injusto estaba siendo el momento con él, rumiaba (casi como ella) hacia sus adentros.
Horas y horas perdidas maquinando enrevesadas tramas que le diluían frente a la pantalla según afrontaba a Juan con su destino en el parque. Quizá fuera el nombre del protagonista lo que no funcionaba.
Se hacía hacia esta resolución más y más convencido a cada instante que pasaba.
Jesús quedaba descartado en un jesús y por obvio. Julio Lucas por inalcanzable y Jezabel no concordaba en género. Con Jerdinando tuvo alguna duda hasta que le vino a la memoria Jorge.