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Venezuela por Lydio Trémelez





Venezuela


Dios y Federación,
de Simón, Hugo.
Sin ver los miserables.



De Rodar y rodar, Tungsteno, Lima, Perú, 2004

Uruguay por Lydio Trémelez




Uruguay


Domina la letra.
Oriente el sol.
Morir dulce en mayo.



De Rodar y rodar, Tungsteno, Lima, Perú, 2004

Surinam por Lydio Trémelez




Surinam


Noviembre negro.
Diciembre rojo, año
nuevo, dólar y kaseko.



De Rodar y rodar, Tungsteno, Lima, Perú, 2004

Perú por Lydio Trémelez




Perú


Sa patrimonio de imperio
do senderos por caminos
quien lleve los pies haga.



De Rodar y rodar, Tungsteno, Lima, Perú, 2004

Paraguay por Lydio Trémelez




Paraguay


El corazón aislado
cuide sus iguazúes
como buenos caballeros.



De Rodar y rodar, Tungsteno, Lima, Perú, 2004

Guyana por Lydio Trémelez




Guyana


Al oro todos desean.
Cimarrona aguanta el agua
una negra memoria.



De Rodar y rodar, Tungsteno, Lima, Perú, 2004

Ecuador por Lydio Trémelez



Ecuador


En infinito término
la madre os devuelve
por creerse distinta.



De Rodar y rodar, Tungsteno, Lima, Perú, 2004


Colombia por Lydio Trémelez




Colombia

Sangre conquistadora
en eternas caravelas
con caimanes pretorianos.



De Rodar y rodar, Tungsteno, Lima, Perú, 2004


Chile por Lydio Trémelez




Chile

A la amante sibilina
la grandeza la rodea
y mira adelante.



De Rodar y rodar, Tungsteno, Lima, Perú, 2004


Bolivia por Lydio Trémelez




Bolivia

Sueño indio sin mar
en origen de la roca
persigue el arco iris.


De Rodar y rodar, Tungsteno, Lima, Perú, 2004




Brasil por Lydio Trémelez





Brasil

Al centro de la música
los colores sobran.
En verde da de comer.


De Rodar y rodar, Tungsteno, Lima, Perú, 2004


Argentina por Lydio Trémelez




Argentina

El fuego merodea,
las aguas bailan
su voz desaparecida.


De Rodar y rodar, Tungsteno, Lima, Perú, 2004



Propuesta de regalo de Navidad y/o Reyes

Above all, a Haiku must be very simple and free of all poetic trickery and make a little picture and yet be as airy and graceful as a Vivaldi Pastorella.

Con lo mil veces citado de Jack Kerouac encabezaba Lydio Trémelez la primera sección ("Palo y hatillo") de lo que se convertiría en su último libro de poemas conocido, allá por el año 2004. Quepa decir que el autor detestaba la apelación 'poemario' para sus libros por encontrarla inconcreta en exceso.
Rodar y rodar no es sólo una vuelta ideológica al mundo por parte de Trémelez sino que es a su vez una vuelta al mundo geográfico donde en los diferentes apartados de la obra da cuenta de multitud de aspectos sobre las distintas  parcelaciones cartográficas vigentes realizadas por la humanidad.
Incluso se permite la boutade de dedicar a las nuevas conquistas, véase Luna y Marte, sendas elegías en "Nuevas playas". Y a Norteamérica, ignorando despiadadamente a Canadá, le dedica en un guiño cariñosamente burlón a Whitman "Un canto a ti misma", compuesto por unos brutales 50 sonetillos.
Tal y cómo se espera de un maestro del arte menor, como es el autor de Mínimos sobrantes, en los 192, casualmente el número de miembros de la ONI en la actualidad, poemas que conforman el globo terráqueo de Rodar y rodar, publicado originalmente en Lima, Perú, por Tungsteno en una delicada edición, no se supera nunca el número de ocho sílabas en el recuento.
Y es que se puede ser muy grande con muy poco.
Quizá habría que destacar "El cant dels ovelles", uno de los tres poemas consagrados a España, como epítome, por elegir un texto en concreto y que por estos lares ya ha conquistado el imaginario colectivo, de esta obra. Como aquél en que caben toda la ternura, humor, ironía, que es eso que no debe confundirse con humor jamás, y el resto de la singular pero aún tan total visión vital de este grandísimo poeta heredero de la tradición bolivariana, y punto de partida de tantas generaciones de poesías, incomprensiblemente desaparecido llamado Lydio Trémelez.
Aquí en ESPIRADOR ECLÉCTICO irán apareciendo a modo de degustación en las próximas noches los doce haikus de la primera sección que se dedica en ese libro a Suramérica.
Relataba la madre de Lydio, a la que le encantaba Nino Bravo, en sus Memorias de mi hijo pródigo. Una remembranza de Lydio aparecidas en 2008, que se despidió de ella con un pícaro pero sentido 'Me voy pero mañana volveré' antes de partir con diecisiete años a hacerse las Américas.
Nunca regresó al hogar.
Ustedes ahora se pueden encontrar con él en cualquier departamento de librería de El Corte Inglés.
Estén atentos.
Feliz Navidad.

Dos poemas de Lydio Trémelez

Ardor ralo

Irte, estarte:
ver impelido el recorrido de una arruga.
Gemirte fuerte,
a pesar de la repugnancia.


XIV

Ultimado Séneca en la epístola,
vierte la condena, refluye solo:
"Qué bueno que no faltó el pan, envenenado."


Lydio Trémelez, Poemas crepitados, Conchinchinos, Santiago de Guayaquil, 1994