
Congelada en el tiempo la esquina
que nos hace mirar más adentro,
tras una vidriera, al encuentro
del olor a café de cantina.
En el diner de luz neoyorquina
todo calla, no hay hora, no hay centro,
ni la sombra propicia el reencuentro
de una roja ilusión femenina.
Algo insinúa Hopper: otra puerta,
otra mirada su pincel preserva,
oscura, callada, insomne, atenta.
Desde una ventana entreabierta
un halcón de la noche te observa
allá por el Greenwich de los cuarenta.

Juligán lleno afrenta,
completó la escena a tope de vino:
"Neoyorquinos, me importáis un pepino"
Aquí mismo los poemas reunidos de Geypermana.